El Sacerdote riverense llegó al San Isidro en febrero pasado y ya se lo puede ver todos los días en el Colegio. Es el nuevo encargado de pastoral de Secundaria y tiene como máxima aspiración el poder "tocar el corazón de los alumnos". Repasá sus expectativas y su historia de vida en la siguiente nota.

 

"Nací en la ciudad de Rivera, donde estuve hasta los 17 años. Se nota en mi forma de hablar, que tiene un acento y términos que son propios de Brasil.Después me trasladé hacia Montevideo para formarme como Salesiano", se presenta el sacerdote Walter Rodríguez, en un momento en el que tiene unos minutos libre ya en el inicio de las clases.

"Estuve 23 años en Montevideo, trabajando en La Teja, Maturana y Domingo Savio. Luego me fui al interior a trabajar dos años en Melo y seis en Salto, en la Obra Social de aquella ciudad, aunque colaboraba con la Capilla Don Bosco y con el Colegio Salesiano de Salto. Esa fue mi experiencia de recorrido como Salesiano, explica el riverense.

Walter comenta que "el año pasado (2016) tuve un año de estudios en Colombia. Estuve estudiando cuestiones de teología, pastoral espiritual, pastoral de catequesis, teología pastoral e interpretación bíblica. Me fui en febrero y volví en noviembre. En el correr del año ahí estuvo la pregunta de si me animaba a asumir la pastoral aquí en Las Piedras. Fue algo sorpresivo,pero lo tomé con alegría".

Llegó a un lugar donde no conocía nada, más allá de que hace poco más de 20 años había estado en la Parroquia de Las Piedras como teólogo salesiano. Cuando se ordenó de Diácono continuó trabajando en Las Piedras, pero sin conocer nada del Colegio.

El sacerdote recuerda cómo fue el llamado de Dios que lo llevó a querer ser un cura y entregar su vida a los demás: "Hubo una etapa especial y hubo un antes que fue mi familia cristiana, especialmente mi mamá, que era muy creyente, muy de ir a la Iglesia a rezar y yo iba con ella a rezar y muy especialmente a la Virgen María. Eso creó en mí un deseo muy fuerte respecto a Dios y al encuentro con Dios. Cuando tomé la primera comunión y cuando me bauticé a los 11 años fue una experiencia muy especial para mí. Eso fue marcando mi ser cristiano y salesiano, pero después me fui dando cuenta. Sobre los 15 años empiezo a tener mi experiencia de grupo de adolescente en la Parroquia de San Pedro, en Rivera. Y me encantó. Luego empecé a dar catequesis y recorrer el barrio de los niños de catequesis. Ahí recuerdo que había mucha pobreza en las casas que visitaba. Luego fueron las hermanas de María Auxiliadora a trabajar allá en el barrio Santa Rosa y ahí fue una cosa espléndida, porque las hermanas andaban recorriendo el barrio con la gente, muy alegres. Empezaron a ser muy queridas y era una imagen muy amistoso, positiva, bien Salesiano. Entonces me uní al grupo de confirmación que crearon ellas, las ayudé en el Oratorio. Era una experiencia fenomenal, por eso quería que llegara los sábados para disfrutar de todo eso. Empecé a sentir algo fuerte. Un día me invitaron a un retiro y al sacerdote, que no era Salesiano sino del Clero, le pregunto: ¿Qué siente un joven cuando quiere ser Sacerdote? Me manda a hablar con el Padre Spada y me envían a una Misión vocacional. Ahí defino que quería ser como Don Bosco".

Pero Walter no se olvida de un detalle importante: "La hermana de María Auxiliadora me regaló tres libritos: El de Don Bosco, el de Domingo Savio y el de Miguel Magone.Me entusiasmó mucho e insití que quería ser como Don Bosco. No fue solo una etapa, fueron un montón de cosas que me fueron llevando a ser sacerdote". 

Sobre el San Isidro, Walter afirma que "lo primero que me impresiona es que hay muchos niños, adolescentes y jóvenes y eso es lo primero que a mí me llena y me alegra. Vi desde el primer momento que iba a trabajar con un grupo de educadores muy jóvenes y también me llena de alegría, porque como Salesiano el trabajar con educadores jóvenes es el centro de mi vocación. Estoy en el medio de lo que tengo que estar".

Por último, el riverense señala que "lo que más aspiro es poder acompañar a todos los educadores en un clima de fraternidad y llegando a lo máximo, que es poder tocar el corazón de los alumnos que asisten al San Isidro. Poder transmitirle cosas valiosas, poder comunicarles abiertamente a Dios y el amor de Dios. Eso es lo más grande".